Reseña literaria de la novela “Cauce de la desolación” de Miguel Galanes por Eduardo Egido Sánchez

Hay títulos de novelas que despistan al lector. No es el caso de “Cauce de la desolación”, que anticipa fielmente el contenido de una extensa obra que alcanza casi 500 páginas. Por si eso no fuera suficiente, la fotografía de portada, de José Jiménez de los Galanes, disipa cualquier duda que pudiera caber al respecto. Se trata de una cuidada publicación de Ediciones C&G en la que resulta evidente su pulida revisión, a salvo de erratas y descuidos varios. El libro se estructura en seis apartados de contenido y extensión heterogéneos, rematados por un “Epílogo y Tiempo de espera” de nombre idéntico al de la novela.

Las principales protagonistas son la Naturaleza y la defensa del equilibrio natural en la zona de los humedales de Las Tablas de Daimiel, en un territorio bautizado como Lemiday. La trama narrativa se centra obsesivamente en denunciar los desmanes que el ser humano comete contra su entorno, contra el territorio que le proporciona el sustento.

Entre los protagonistas humanos destaca el narrador omnisciente –que todo lo sabe- personificado en Iluminado de Néminis. Es el alter ego del autor, nacido el mismo día y, también como él, profesor de Lengua y Literatura. Llama la atención la similitud del término Néminis con Némesis, la diosa griega personificación de la venganza divina que castiga todo exceso.

Iluminado reside fuera de su pueblo natal, pero retorna con frecuencia porque necesita mantener intactas sus raíces, a despecho del deterioro que contempla por doquier: personas, costumbres, desertización del territorio… Su secreto deseo es recuperar el antiguo esplendor de su lugar de cuna. Se intuye que busca “quizá su propia sombra, la última razón de un naufragio colectivo”. Un rasgo definitorio de su personalidad es que “Néminis se atormentaba solo con sus pensamientos”. A lo largo de varios capítulos Iluminado permanece metido en una alberca para resguardarse de una tormenta de viento, quizá una metáfora de la necesidad de protección.

Además de profesor, es también escritor. Alguien define sin piedad esta faceta: “Todo lo que escribes es producto de tu imaginación alimentada por un tremendo masoquismo”. Él, alimenta sus raíces: “Uno es de la tierra donde nació. Como una casa ha sido hecha de la misma tierra que la sostiene, así me mantengo yo…De una manera u otra siempre regresamos al lugar de donde partimos”. Se podría añadir que siempre se escribe del lugar que nos ha visto nacer.

En el primer capítulo y luego de manera intermitente, aparece una “tropa de jubilados” que levanta acta, a modo notarial, de los desmanes cometidos contra la Naturaleza. En consecuencia, se muestran pesimistas con el futuro, del que temen que acentúe las calamidades del presente. Adquiere un protagonismo relevante Pedro, que juega el papel de confidente de Iluminado. Es un pastor de ovejas y propietario de una pequeña majada que comprueba que el oficio no se puede mantener ni aun con grandes sacrificios; si continúa en la brecha es para no desairar a su padre, Custodio, que persiste en mantener el patrimonio familiar. Finalmente, Pedro abandona el pueblo y marcha a Madrid, donde contacta con sus hermanos y trabaja como conserje en un colegio privado gracias a la ayuda de un conocido. Tiene que adaptarse al nuevo entorno. Regresa de vez en cuando al pueblo para malvender sus propiedades y el ganado, con el disgusto de su madre. Así se da fin a la tradición familiar: la gran ciudad y la emigración ganan, una vez más, el pulso al atavismo.

El fenómeno de la tormenta ocupa una gran extensión del relato. Es algo ominoso que se cierne fatalmente sobre personas, animales e inmuebles: a Custodio le embiste un carnero aterrorizado por la tormenta y, además, un clavo oxidado le atraviesa el pie, lo que supondrá su final con apariencia de venganza de una fuerza superior y anónima.

 Otros personajes de la trama narrativa forman parte de la familia de Pedro: sus numerosos hermanos, particularmente María Jesús, Remedios y Bernabé. La primera, malvive con sus andanzas en Madrid de manera licenciosa, plantando cara a la adversidad. Apodada “la locatis”, ya de joven hubo de ser internada en el colegio de las Adoratrices de Ciudad Real. Bernabé da la espantada de la casa familiar, dejando plantados a todos. Remedios es asesinada por su marido, “el alacrán”, tras soportar una existencia de malos tratos. También la madre del “alacrán” sufrió las agresiones de su marido, una herencia de la sociedad machista y violenta.

En la narración se suceden continuos flash-back, saltos al pasado para rememorar la pandilla infantil, en la que el abuso a los débiles es frecuente, los juegos de la infancia, el antiguo esplendor del territorio, las costumbres, las relaciones sociales…

El vocabulario destaca por su rigor y propiedad, como corresponde a un profesor de Lengua y Literatura que se aplica a la cuestión. Abundan las palabras de argot ganadero y popular, muchas de ellas no recogidas por el diccionario de la RAE, con el añadido de expresiones desusadas. Así: palagartar, cancamusa, sorrascao, argotera, gazapear, gazuzas, purrela, el aliguí (canción infantil), gurrumino, triqui traque, atajeros, fumeque, japotearse y la extendida balduendo, que nuestros mayores nos endilgaban para censurar nuestra querencia infantil por la calle.

Asimismo, el texto abunda en expresiones coloquiales y refranes, usados ambos recursos para reforzar el contenido tradicional de la narración. Sirvan como ejemplos: “Ponerse hasta las cencerretas”. “Zanahoria morada, pan de centeno, en llenando la andorga, todo está bueno”. “Sin el óleo se van algunos, pero sin el zarandeo, ninguno”, sentencia la madre Reyes haciéndose eco de la dura vida.  “Ya veremos, dijo un ciego y nunca vio”, como exponente de un determinismo pesimista. También son cotidianas las canciones populares e infantiles de doble sentido, muestra de la picaresca popular: “Ay madre que me lo han roto…”.

Por otro lado, no es infrecuente que se intercalen versos entre la prosa para esclarecer determinados escenarios.  

El costumbrismo aflora por doquier para perfilar el carácter de la novela. La portada se abre con un rebaño de ovejas y su presencia aparece diseminada por el texto. Se dan a conocer múltiples cuestiones relacionadas con la labor del pastoreo, el careo de los perros que cuidan del rebaño, el esquilado de las ovejas y la rivalidad por ser el más diestro. Asistimos a continuas discusiones entre Pedro y Custodio, su padre, por fijar los pormenores del oficio. 

Asimismo, aparece el costumbrismo en las relaciones familiares, en la jerarquía entre sus componentes. Hay una pugna generacional para no alterar, unos, o dejar atrás, otros, los aspectos tradicionales de la familia.

Resulta muy ilustrativo el contenido de las cintas magnetofónicas que Iluminado graba a la pareja de pescadores de Las Tablas formada por Francisco y Juana. Regala estas cintas a Pedro para que no olvide sus ancestros. En las grabaciones se hace patente un modo de vida basado en la subsistencia que proporciona el río y que mantiene a múltiples familias. Francisco es el último pescador, el resto ha abandonado a consecuencia de la contaminación del medioambiente. Asimismo, en ellas se recogen aspectos etnográficos de los pescadores de la zona.

No ocupa en la novela un lugar preferente el diálogo. Se usa a veces como resumen de un pasaje descriptivo. Son diálogos escuetos, de frases cortas y concisas, a menudo con el ropaje de una sentencia. Suelen reflejar los conflictos larvados o patentes entre los personajes, que se reafirman sin extenderse en demasía: “Tercos más que mulas campaban a sus anchas”.

La novela presenta una densidad de lenguaje que salta a la vista inmediatamente. Las descripciones son largas y detalladas. Las andanzas de los personajes, su mundo interior, el cambio de época, la degradación de la naturaleza, se presentan con todo lujo de detalles. El narrador aplica una lupa a cualquier aspecto, con frecuencia para hacer visibles las aristas más descarnadas, actúa de un modo minucioso para cuadricular el espacio, entendido como temática, y proceder con técnica de arqueólogo.

Es una obra de extenso recorrido, de largo aliento, de firme pulso narrativo. Exhibe un esfuerzo indesmayable para retratar a unos personajes, un territorio, una época y una situación dramáticos.  El autor señala que ha necesitado 12 años de esfuerzo para culminar la empresa. No de otro modo puede alumbrarse una obra de tamaña envergadura.

A mi juicio, existen referencias con otras obras literarias. Así, puede rastrearse un marcado paralelismo con “El castillo” de Franz Kafka: Iluminado de Néminis se enfrenta a una empresa grandiosa –frenar el atentado contra la Naturaleza- del mismo modo que el agrimensor K. persigue desentrañar las claves del castillo. Son fortalezas por tomar.

Asimismo, hay reminiscencias literarias con la obra de William Faulkner, la densidad de la prosa y el hermetismo de la trama hacen difícil a veces el sentido de la narración. En ocasiones, los personajes y el narrador desarrollan su discurso en el límite de la opacidad.

También aparecen similitudes con la obra “Mazurca para dos muertos” de Camilo José Cela. Del mismo que en la mazurca se repiten los compases, el narrador vuelve una y otra vez sobre determinados sucesos (las disquisiciones de Iluminado y de Pedro, las andanzas de los familiares de este último, la tormenta que amenaza con arrasarlo todo, los lamentos por el deterioro de la Naturaleza…). Los personajes aparecen y desaparecen como el Guadiana y discurren por el intermitente cauce que la sequía y la realidad les depara.

El título de la novela alude inequívocamente a la desolación que sufre el territorio del Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel. A lo largo de toda la narración aparece un sentimiento nostálgico por el perdido esplendor de este paraje, abocado en el presente a la desertización y desaparición de su feracidad. Los acuíferos 23 y 24 son esquilmados por una política equivocada y por el carácter depredador del ser humano. Podemos leer: “Ni los ojos de Iluminado ni los de todos los de su generación volverían a ver aquellos campos como entonces, los molinos harineros, ni las riberas aquellas donde su adolescencia se fue escurriendo entre la ciénaga y la ova…Se había creado un propósito: dar testimonio escrito de todo cuanto era irrecuperable, lo mismo que de la causa de todo aquel desafuero”. 

Hay intentos de frenar la decadencia, como la IV Marcha por los humedales manchegos, celebrada en enero de 2007, con el lema “Abrid los Ojos, cerrad los pozos”; los Ojos son los del Guadiana y los pozos son los sondeos ilegales que esquilman los acuíferos. La manifestación parte de los Ojos del Guadiana y finaliza en las Tablas de Daimiel. Pedro, con desencanto, reflexiona que tanto él, como su padre y Néminis llevan denunciando la situación inútilmente a lo largo de décadas.

Las tragedias se habían sucedido sin interrupción: los Ojos se habían secado en 1980, provocando la autocombustión de la turba del subsuelo; en septiembre de 1986 se produce un incendio en el Parque Nacional y dejan de correr el Guadiana y el Cigüela. El drama va cumpliendo puntualmente todos sus actos para desembocar en un profundo y dilatado Cauce de la desolación. Bíblicamente, podríamos concluir que todo se ha consumado.

Eduardo Egido Sánchez

La vida de Eduardo Egido Sánchez, está ligada a la cultura, anteriormente como técnico superior de Cultura en el Ayuntamiento de Puertollano y actualmente dedica al menos cuatro horas a la semana a escribir como una de sus mayores aficiones. Como escritor de éxito ha sido autor de varias novelas y de la biografía del atleta Francisco Sánchez Menor. Además, la lectura, la música y colaborar con diferentes medios de comunicación son otras de sus tareas diarias.

Alegra Aura

En “Alegra Aura”, Miguel Galanes, pone de manifiesto el comportamiento de ciertos personajes obsesionados por la búsqueda de su identidad y de sus orígenes. En semejantes circunstancias cualquiera podría considerarse una víctima más.

En este segundo título, Alegra Aura, Alegra va a remover su biografía y con su biografía a todos los demás. A Josune, tras las huellas de Iluminado, Alegra le dará pie para ver en ella lo que se ha propuesto poner en claro: un prototipo femenino de nueva época.

La entrada Reseña literaria de la novela “Cauce de la desolación” de Miguel Galanes por Eduardo Egido Sánchez se publicó primero en Diario de Castilla-la Mancha.

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